La experiencia de Emiliano

¡Hola! Mi nombre es Emiliano, tengo 20 años y soy de Montevideo, Uruguay. En agosto del 2015 me fui a Vorarlberg, Austria, en donde pasé un año como estudiante de intercambio. La idea de irme de intercambio surgió en febrero del 2015. No puedo decir bien por qué se dio, pero recuerdo que encontré un folleto de YFU (una organización que realiza este tipo de viajes) que había conseguido en el 2013 (sí, dos años antes) y pensé “estaría bueno hacer algo así”. Fue bastante espontáneo, a decir verdad.

Cuando comencé con la idea del viaje, planeaba irme durante unas semanas en un plan de verano. La mera idea de estar MESES lejos de mi casa me causaba gracia. Luego pensé extender el intercambio a un semestre, pero después de ver las experiencias de tantos estudiantes por internet, decidí tirarme al agua e irme por un año. No puedo recalcar lo mucho que me alegro de haberlo hecho. No sólo aprendí un nuevo idioma durante mi estadía en Austria, sino que siento que la experiencia que tuve realmente me cambió. Pude abrir mis ojos a otra cultura y vivir un montón de cosas (tanto buenas y malas) que no hubiera podido vivir en casa. Ahora, mentiría si dijera que Austria fue mi primera opción, ya que el primer país que consideré fue Dinamarca y mi segunda opción fueron los Países Bajos. De todas formas, luego de investigar el danés y el neerlandés, quedé un poco desencantado con ambos idiomas. El neerlandés en particular me llamó la atención porque al verlo y escucharlo pensé que era muy parecido al alemán. En cuanto el idioma alemán se me pasó por la cabeza, me centré en buscar un país en donde se hablara. ¿Por qué alemán? Se preguntarán. Bueno, en mi opinión es un idioma muy lindo (aunque a mucha gente le parezca tosco o agresivo), muy interesante y también útil. De todas formas nunca pensé en ir a Alemania. No tengo nada en contra de Alemania, es más, me encantaría visitar el país, pero simplemente no me imaginaba estando un año allá. No me inspiró ese «yo quiero vivir mi intercambio ahí».  Con todo esto, pensé en un pequeño país lleno de montañas y ubicado en el centro de Europa: Austria. 

Antes de irme, lo único relacionado con Austria que había visto en mi vida eran Heidi (que después me enteré que era suiza) y La novicia rebelde (donde se la pasaban cantando y girando por los prados), así que obviamente no tenía una imagen muy realista del lugar. Si bien no fue mi primera opción (y luego de leer todo esto seguro estás pensando que elegí el país como una medida desesperada), debo decir que Austria es un lugar hermosísimo. Desde agosto del 2015 hasta julio del 2016, viví en un pueblo de unas 6000 personas llamado Altach, en el estado de Vorarlberg. Vorarlberg es un estado particular dentro de Austria ya que es el más pequeño, el menos poblado, el más lejano a la capital y el que tiene el acento más raro. Si bien cada región del país tiene sus particularidades lingüísticas, el vorarlbergerisch es sin lugar a dudas la oveja negra: gente dentro de la misma Austria tiene problemas para entender lo que dicen los vorarlberguenses (gentilicio que acabo de inventar). De todas formas, si bien la gente usa el dialecto para hablarse entre ellos, se usa el alemán estándar (que es el que uno aprende en un instituto por ejemplo) en el liceo, en la televisión, en documentos escritos, y otras cosas de carácter más “oficial”.

En Altach viví con mi familia anfitriona, que eran un matrimonio con sus dos hijos, ambos un poco mayores que yo. Mi hermana anfitriona no vivía con nosotros ya que estaba estudiando en la universidad cerca de Viena, por lo que tuve su cuarto por el año que me quedé. Acostumbrado a vivir solo con mi madre durante 17 años, de repente encontrarme compartiendo espacio con otras tres personas fue un desafío (especialmente el compartir baño). Además tuve que aprender sus reglas de convivencia y otras cosas que hacían que la vida en casa funcionara, lo cual si bien me costó un poco por la barrera lingüística al principio, terminó siendo costumbre a las pocas semanas. Mi familia anfitriona me ayudó mucho durante mi año y les estoy y voy a estar siempre agradecido ya que sin ellos no hubiera podido vivir esta experiencia. Fue con ellos que aprendí a andar en trineo y también me llevaron a conocer los Países Bajos (mi padre anfitrión es de allá) e Italia (en un viaje sorpresa).  

Hablando del liceo, estuve en un quinto año. En Uruguay, mi liceo es relativamente pequeño y además lo conozco desde primer año, mientras que en mi nuevo liceo había cerca de 800 alumnos y grupos bastante más grandes que el mío. Si bien esto me puso nervioso al principio, con el paso de los meses me pude hacer un grupo de amigos que me ayudaron pila con el idioma y me mostraron diferentes cosas para hacer en la región. El lado positivo del liceo siendo tan grande es que tenía un montón de actividades extracurriculares para hacer, y entre las que elegí estuvieron el club de lectura, cocina y hasta escalar (había una pared con piedras de colores y toda la cosa). También tuve la suerte de tener otras cinco estudiantes de intercambio en el liceo, de las cuales tres además estaban con la misma organización que yo (YFU). Junto con ellas tenía clases de alemán en el  liceo una vez por semana, lo cual me ayudó a mejorar bastante rápido mis habilidades además de poder estar en un ambiente donde no me daba tanto corte hablar y cometer errores (ya que estábamos todos en la misma). Una de las materias que tenía era idioma español, algo que me resultó muy interesante ya que nunca había tenido la chance de ver gente aprendiendo mi idioma ni sabía qué cosas podían resultarle difíciles de aprender a un extranjero. Obvio que ayudé a mis compañeros en lo que pude, di unas charlas en diferentes clases sobre Uruguay e incluso tuvimos un día de cocina española cerca de fin de año.

Si bien la pasé muy bien durante mi año, debo decir que también pasé momentos complicados. El acostumbrarse a una cultura diferente a la propia cuando uno está metido en otro país no es nunca fácil, y si bien siempre te avisan que sentirse mal es algo normal, eso no quita que sea difícil reconocer los propios sentimientos, ver las causas e intentar mejorar la situación. En mi caso (como el de muchos) pasé momentos de mucha frustración con respeto a todo: hacia mi familia anfitriona por hacer cosas que me parecían raras, hacia mis compañeros de liceo por no “incluirme más” (llámese, yo no estaba haciendo un esfuerzo por integrarme), hacia el pueblo por no tener nada para hacer, hacia el idioma por ser tan complicado, hacia mí mismo por lo aprender alemán lo suficientemente rápido… en fin, se pueden imaginar. Tuve momentos donde me sentí completamente solo, porque en cierto modo lo estaba (lejos de mi país, mi cultura y la gente que conozco desde hace años), y momentos donde me sentí el ser humano con la peor suerte del mundo (lo cual nunca fue así, pero debo admitir que tengo una veta dramática importante). Sin embargo, con el tiempo esos sentimientos se fueron y me terminé adaptando muy bien a la cultura tanto del lugar como de mi familia.

Hoy en día, ya dos años y medio desde que volví de Austria, he vuelto a visitar una vez a mi familia y amigos. Espero poder volver pronto otra vez, aunque muchos de mis amigos no vivan más en Vorarlberg (por la ausencia de universidades en el estado). También me mantengo en contacto con ellos vía WhatsApp y Skype, aunque lo último no tan seguido. Quisiera mencionar a la organización a través de la cual decidí irme de intercambio, que es YFU (Youth for Understanding o en español “Juventud para el Entendimiento”). Hasta donde sé, es la mayor organización de viajes de intercambio en Uruguay. Lo que más me gusta de YFU es que se trabaja mediante el voluntariado. Estos voluntarios son por lo general antiguos estudiantes de intercambio, aunque algunos son personas que están simplemente interesadas en trabajar con estudiantes extranjeros y ayudar a estudiantes uruguayos a realizar su viaje. Yo hoy en día soy voluntario en YFU y puedo decir que es una experiencia muy linda que te permite seguir en contacto con tu intercambio. También está el hecho de que la organización es, a mi parecer, una verdadera comunidad. Tengo grandes amigos dentro de la organización tanto en Uruguay como en otros países gracias a la cantidad de pasantes que vienen y van y a que todos hemos viajado y dejado amigos en otras partes del mundo, así que todos se conocen entre todos. Para cerrar, les recomiendo que si tienen la oportunidad de tener una experiencia de este tipo, lo hagan. Un intercambio es algo que se queda contigo para toda tu vida. Yo en particular tengo que decir que si no fuera por mi año en Austria, hoy no estaría estudiando traductorado en la universidad. Y si no pueden/quieren estar tanto tiempo afuera, igual viajen. Viajen solos o acompañados, viajen cerca o lejos pero viajen. Hay un mundo entero esperándolos que les va a enseñar mil cosas si le dan una chance.

FOTOS USADAS ·         FOTO 1: Yo con dos amigas en Viena · 

        FOTO 5: Junto a mi familia anfitriona (excepto mi padre) en una pista de trineo ·        

FOTO 6: Mi liceo ·        

FOTO 7: Ciudad vieja de Feldkirch, la ciudad donde estaba mi liceo ·        

FOTO 8: Yo junto a Annika, mi hermana anfitriona y Flecki, la gata de la familia.